El Monasterio de San Estevo de Rivas de Sil.
La Ribeira Sacra ourensana limita al norte con el río Sil, que la separa de la Ribeira Sacra lucense.La Ribeira Sacra ourensana tiene una extensión de algo más de 700 km2, en los que viven unas 23.000 personas esparcidas en infinidad de aldeas. Su nombre le viene de la pro
liferación de cenobios y monasterios que se instalaron en las riberas del río Sil, desde que el 21 de agosto de 1124, la reina Teresa de Portugal fundadora el Monasterio de Santa María de Montederramo. A partir de entonces, los monjes roturaron las tierras para cultivar viñas y producir magníficos aguardientes. En la actualidad la Ribeira Sacra tiene su propia denominación de origen, produciendo entre otros un buen Albariño.Un Monasterio con encanto y misterio es el de San Esteban del Río SIl.Hay una hermosa leyenda de los 9 anillos de los obispos en el cofre de plata.
"Este gran monasterio benedictino del norte de la provincia de Ourense, remonta sus orígenes a las primitivas comunidades de ermitaños que eligieron estas montañas para establecer sus primeros cenobios en el siglo VI dirigidos por San Martín Dumiense. A principios del siglo X, el monarca Ordoño II y el papa Inocencio IV conceden al abad Franquila los privilegios necesarios para la reconstrucción y fundación de un monasterio nuevo. A partir de entonces comienzan las leyendas vinculadas a Santo Estevo.
Una de ellas relata como doña Goto, viuda de Sancho Ordoñez, dono a Franquila un traje de piel para vestir la imagen de Santo Estevo. Esta recibió, en sueños, la visita de su marido, castigado por los demonios por sus muchos pecados. Tras cuarenta días de ayuno y oración por el alma de su esposo, doña Goto volvió a soñar con su marido pero esta vez, libre de sufrimientos y vestido con una túnica blanca bajo el traje de piel que había donado al monasterio. Al intentar abrazar a su marido, doña Goto se quedo con un trozo de piel en la mano que coincidía con un roto reciente del manto del santo.
Otra de las leyendas referidas al monacato se refiere a los milagros que hicieron los nueve anillos de los nueve obispos retirados en este monasterio. Durante los siglos X y XI se retiraron en este cenobio los obispos Isaura, Vimarasio, Gonzalo Osorio, Froalengo, Servando, Viliulfo, Pelayo, Alonso y Pedro. Sus anillos episcopales depositados en un cofre de plata, devolvían la vista a los ciegos, la compostura a los tullidos y hacían que las endemoniadas entraran en un grotesco frenesí. Durante el siglo XVII se intento canonizar a los nueve varones pero el vaticano desestimo el caso y los anillos desaparecieron.
A partir del siglo XV el monasterio, como muchos otros, se incorpora a la Congregación de San Benito de Valladolid y desde 1.530 a 1.875 funciona como Colegio de Artes. En el siglo XVII acoge al ilustrado gallego Padre Feijoo en sus primeros estudios. Desde su fundación hasta nuestros días ha sufrido importantes reconstrucciones y reformas que implican en sus dependencias una interesante muestra de estilos. La última actuación se ha terminado este mismo año convirtiendo el antiguo monacato en un establecimiento hotelero de la red de Paradores.




